10 ideas para mejorar la Argentina

Argentina es el país más grande del mundo y Buenos Aires es la mejor ciudad en el mejor país del mundo. Eso ya nadie discute. Entonces, ¿por qué todos se quejan tanto? Porque la grandeza solamente se hace la perfección con unos pequeños retoques. Simplemente apliquen estas ideas infalibles y un país perfecto será nuestro.
1. Whisky.
A los argentinos les encanta el whisky. Paradójicamente, la Argentina hace un whisky poco encantador. El whisky argentino no es tanto whisky sino aguardiente con sabor a whisky que te destruye el estómago. Esto es un misterio, porque la Argentina sabe muy bien excelentes vinos, cervezas artesanales y aperitivos para hipsters. Aunque Argentina seguramente tiene los insumos aptos por tonel para hacer un buen whisky, el problema es que para fabricar un whisky de calidad, necesitás por lo menos diez años de inversión de capitales antes de tener un producto vendible. Ese tipo de largoplacismo no funciona en el país de políticacarpe diem y “si no lo podemos arreglar en un período electoral no nos interesa” (eslogan: “Porque falta muuucho para mañana”™). No obstante, hay un pequeño espacio dentro de Argentina con una economía más estable, una visión de negocios de largo plazo, y gente que sabe de whisky. Sí, estoy hablando de las Islas Malvinas, o como decimos  en inglés, “Las Islas que Robamos de Argentina”. Al forjar vínculos pacíficos de comercio y transporte, podríamos juntar inversores británicos, el clima y la infraestructura de las Malvinas, y emprendedores y cereales argentinos, y voilá: “Whisky Buena Onda” (eslogan: “Hagamos whisky, no la guerra”™).
Hay por el momento una sola cinta transportadora redundante en toda Buenos Aires, afuera de la entrada de la terminal de micros de Retiro, un travellator que te transporta cuidadosamente los últimos treinta metros de esa travesía maratónica desde la estación Mitre, cuando no se encuentre fuera de servicio (normalmente está fuera de servicio). Es una cinta transportadora cuya inutilidad se hace aun más cómica teniendo en cuenta que existe una escalera mecánica potencialmente útil, subiendo a la terminal de micros (que normalmente está fuera de servicio). Los críticos dicen que la presencia de esta horizontalador se debe a intereses del negocio de escaleras mecánicas cercanas a la administración de Macri. Es, de hecho, una instalación surrealista-situacionista que simboliza la inutilidad del progreso tecnológico, y la cosa más cool que le haya pasado a la Argentina desde que Susana Giménez compró los derechos de Salven el Millón.
3. Pasar la Navidad a junio
Ojo, me encanta la forma de los argentinos de festejar Navidad: ojotas, fuegos artificiales, familia, nada del gasto excesivo o dependencia en la televisión que padece la Navidad inglesa, simplemente un asado al lado de la pelopincho. Pero aceptemos la realidad: es bastante parecido a Año Nuevo la semana siguiente, ¿no? Y también significa que tenés que bancarte es inviernolargo y frío corto y templado sin lucecitas del arbolito o un feriado en el medio de la semana para emborracharte, ya que los festejos de 25 de mayo y de 9 de julio son tan divertidos como salir de levante con tu abuela. Pasemos la navidad al 24 de junio, demos la economía un estímulo en el medio del año, y tomemos el resto del mes de franco. Como acto de penitencia, Justin Bieber será el primero en prender las luces navideñas de junio 2014 en el arbolito de la plaza de Mayo, antes de ser crucificado en una cruz improvisada, haciendo que todos seamos Beliebers.
4. Un festival de música.
No estoy hablando de un “festival” de “música”, donde unas pocas bandas tocan en dos escenarios durante dos noches, la única cerveza disponible es una Quilmes a precio hiperinflado que tenés que consumir en una zona separada para adultos, acompañada por un pancho de $25 y todos los que asisten son porteños mal educados. Eso no es un festival de música. Eso es una propaganda de 48 horas para una empresa de celulares o bebidas, y tampoco es una propaganda particularmente buena. Yo quiero decir un Festival de Música, uno que transcurre en el campo de algún granjero emprendedor a 300 kilómetros de Buenos Aires, con carpas y parrillas y barro, cerveza artesanal y puestos de comida orgánica, un ambiente de amor, paz y solidaridad y varias familias de clase media sentadas en carpas cancheras con cara de engreídos. Ese tipo de festival de música. Un festival tipo Glastonbury llegando a Burning Man, ¿decís? Sí, algo así. Cualquier cosa que sea más así.
5. Prohibir todos los autos de Buenos Aires
Sí, escuchaste bien. Prohibamos todos los autos de Buenos Aires. Remplacémoslos con tranvías hechos de trenes viejos, como las Brujitas de la línea A del Subte que todos extrañamos tanto, y con todos esos coches de madera de los ferrocarriles abandonados por todo el país. Si a vos te parece bonita Buenos Aires ahora, ¡imaginate cuan bonita va a estar con tranvías viejos! Si eso no funciona, prohibamos por lo menos las bocinas, remplazándolos con WhatsApp, donde la patente del auto culpable es el PIN (Nota: este autor nunca ha usado WhatsApp en su vida y no sabe cómo funciona. Tiene que ver con los celulares, aparentemente). Si eso no funciona, metemos  pruebas de manejo que impliquen algo más difícil que hacer slalom entre conos de tránsito, antes de salir a la ruta a  hacer slalom entre los autos. Seguro que sería más fácil prohibir los autos, igual.
6. Jardinería guerrillera
La libertad de plantar semillas en cualquier borde de pasto o parque sur-desarrollado de la ciudad, el Conurbano o donde quieras. Ya se consiguen semillas gratis del gobierno (por lo menos mi tía en Entre Ríos las consigue; no encuentro el link. Vaya periodismo). Ahora tenés donde plantarlas. “Ah sí, pero…” dicen los cínicos, “van a terminar meadas y cagadas por los perros”. Fácil. Prohibamos los perros. Ladran todo el tiempo. Cagan por todos lados. No “entienden” los fuegos artificiales. Ya es hora de terminar este experimento imprudente del “perro urbano”. (Encontré el link! Semillas!)
7. Boliche sobre el agua.
Un consejo para el emprendedor dueño de boliche que busca algo diferente. Comprás unviejo vapor o velero. Lo remodelás con casino, glorieta y cocina. Contratás una orquesta de 20 piezas. Te hacés el gran Philip Seymour Hoffman en The Master, menos tanto culto religioso. Imponés un código de vestimenta formal (esmoquin para los caballeros, vestidos del Gran Gatsby para las damas) y cobrás una fortuna a él o ella que quiera tomar un mini crucero desde Puerto Madero hasta Tigre (sería un poco comoesto, pero mucho menos grasún), desde el sábado por la tarde hasta el domingo al amanecer, bailando tango, foxtroy y charleston. Tendrán que volver a Capital desde Tigre en el Mitre o el 60, pero no todo es glamour en esta vida.
8. Orgullo cívico.
¿Viste cuando vas a Japón, ponele, o Alemania, y te da la impresión de que a la gente realmente les importa su ciudad y que hacen un esfuerzo para mantenerlo linda y limpia? ¿Y luego decía “ah, pero eso nunca pasaría en Buenos Aires porque la gente no respeta y quedaría vandalizado y etc y bla bla?” Acá va un plan. Caminá por tu cuadra y levantá cada pedazo de basura, heces, escombros de obra que encuentres. Denunciá cada baldosa floja alñ Gobierno de la Ciudad. Luego, dejás una carta en cada edificio de tu cuadra, explicando lo que hiciste, y pidiendo a otro que haga lo mismo mañana. Capaz que alguien te copie. Si no lo hace, seguí haciéndolo hasta que otro lo haga. Es tan solo una cuadra, no es que vas a tardar una eternidad. Finalmente, según mi teoría ingenua, la mayoría de tus vecinos verán que son como 200 personas adultas en cualquier cuadra de la ciudad, y que si cada persona da una hora de su tiempo cada seis meses, todos vivirán en una calle agradable y limpia y bien mantenida. Y la gente es mucho menos propensa a ensuciar una calle limpia y bien mantenida, entonces después de un año se autoperpetúa la cosa. “Ah, pero”, dicen los cínicos, “el Gobierno de la Ciudad debería hacer todo eso”. Ah, pero no lo hace, ¿verdad? Y no lo va a hacer, ¿verdad? Los porteños, y los extranjeros que nos hacemos porteños, tendrán la ciudad que se merecen cuando dejen de un lado su cinismo y dejen de esperar que el Gobierno de la Ciudad responda a sus necesidades.
9. Un restaurante llamado Azafata.
Un restaurante que recrea la felicidad algo limitada de comer arriba de un avión. El interior consiste en asientos reciclados de aviones viejos. Todos “abordan” al mismo tiempo y se les ofrece un menú de carne o pasta, y se arrepientan de no haber pedido la otra opción. El plato principal se sirve al mismo tiempo que la entrada de ensalada y el postre, un pegota color marrón con algún tipo de salsa cremosa. Cubiertos y copas de plástico son de rigor, naturalmente, no queremos problemas. Después de cenar, se les sirven a los pasajeros un café aguado y se pagan las luces durante veinte minutos mientras que el simulador de vuelo del restaurante simula condiciones de turbulencia extrema. Se distribuyen bolsas para el mareo y el siguiente turno de pasajeros toma su lugar. Una experiencia culinaria inolvidable.
10. Una red ferroviaria nacional como corresponde
Un retorno a los niveles de lujo de los años 60, Trenes locales con niveles impecables de seguridad y puntualidad, y una red nacional de alta velocidad, el retorno de los trenes de larga distancia a Bariloche, Mendoza y Posadas, una renovación total de las vías para que se pueda viajar de Buenos Aires a Rosario en una hora y cubrir los 1200 kilómetros hasta Tucumán en cuatro horas, en lugar del tiempo de viaje actual de treinta y pico. Y con la colaboración de nuestros hermanos brasileños, una red transcontinental de alta velocidad, para que sea posible viajar los 2.680km entre Buenos Aires y Río de Janeiro en una noche en el tren coche-cama más chic del mundo, para que puedas tomar el tren de las 9pm en Retiro, cenar bife de chorizo y caipirinhas en el coche comedor, y despertarte en Río la mañana siguiente. Para que en lugar de que los argentinos vayan al exterior vayan al exterior y digan “Qué bárbaro, ¿eh? Esto en Argentina no pasa,” el resto del mundo viene a la Argentina y dice “Qué bárbaro, ¿eh? Esto en nuestro país no pasa.”

Acerca de agustinmunaretto
Periodista y productor. @munarettoa

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